The Beatles Argentina

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lunes, febrero 23, 2009

George Harrison Cumpliria Años

Liverpool, 1943 - Los Ángeles, 2001) Guitarrista y compositor británico de música pop, miembro fundador de los Beatles. George Harrison nació el 24 de febrero de 1943 en Wavertree, suburbio de Liverpool, ciudad por entonces devastada por los aviadores nazis.



Su padre, Harold, fue marinero y conductor de autobús, y su madre, Louise, ama de casa, era de origen irlandés e intentó educar a sus hijos (tres niños y una niña) en el catolicismo. Harrison recordó haber tenido una infancia feliz, aunque humilde. Creció en una pequeña casa de protección social, sin cuarto de baño y a veinte minutos a pie de la estación donde tomaba el autobús para ir a la escuela.

De The Quarrymen a los Beatles

Desde pequeño, escuchaba todo tipo de música por la radio, desde el viejo music-hall británico hasta el country de Hank Williams. A los trece años le compró a un amigo su primera guitarra, por algo más de tres libras. Por entonces se hizo amigo de Paul McCartney, con quien realizaba el mismo trayecto diario en autobús. Paul le presentó a John Lennon, con quien formaba el grupo The Quarrymen.

George se uniría a ellos más tarde, ya que entonces era demasiado joven (catorce años). Paul era nueve meses mayor, y John le llevaba dos años. Por entonces, estaba enamorado de Fats Domino, Elvis Presley y del rock, aunque lo que tocaba era skiffle: una especie de rockabilly en el que la percusión consiste en una escobilla frotando una tabla de fregar, y cuyo máximo ídolo era Lonnie Donegan.

Harrison participó en la primera formación de los Beatles, con quienes trabajó durante años en clubes de Liverpool y Hamburgo (Alemania). La historia emprendió el vuelo cuando, en 1962, el mánager Brian Epstein les consiguió un contrato con EMI y grabaron, con George Martin de productor, Love me do. Durante esa sesión fue expulsado el batería Pete Best. Su sustituto, Ringo Starr, se convertiría en uno de los mejores amigos de George hasta el final de sus días.

En pocos meses, el grupo se convirtió en un fenómeno de masas en Gran Bretaña, y en 1964 en el grupo favorito de América con I want to hold your hand. La película A hard day’s night, estrenada el mismo año, hizo de la «beatlemanía» un fenómeno mundial.

La primera canción de George que apareció en un disco de los Beatles fue Don’t bother me, del segundo álbum, Meet the Beatles, pero sus composiciones no tuvieron apenas salida hasta años más tarde. Su contribución como guitarra solista al sonido de la banda fue, sin embargo, decisiva. Sus punteos afilados y melódicos, herederos de Chet Atkins y Carl Perkins, y su acompañamiento vocal a las armonías de Lennon y McCartney fueron sus señas de identidad más características.


Un joven George Harrison en su etapa Beatle

En 1966 se casó con la modelo y actriz Patti Boyd. Ese mismo año, los Beatles abandonaron los escenarios para consagrarse al trabajo en estudio, y Harrison entró en su fase más productiva en la banda. Aportó tres temas al clásico Revolver, entre ellos Taxman, y experimentó con instrumentos inéditos en el mundo del pop, como el sitar indio (él fue el introductor de Ravi Shankar en Gran Bretaña). Enamorado de la música y la religión hindúes y gran aficionado al LSD, participó activamente en Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band (1967), probablemente el disco más famoso de la historia, que dio el fogonazo de salida al «verano del amor», al hippismo y a la psicodelia.

En 1968 arrastró a los otros tres beatles y sus respectivas esposas a unas jornadas de meditación en la India con el Maharishi Mahesh Yogi, un gurú espiritual que había conocido a través de Patti. La idea de George no llegó muy lejos, y en lugar de unir más al grupo tras la muerte del mánager Epstein, acentuó las discrepancias entre los cuatro. Aquel año publicó la banda sonora de la película Wonderwall music, el primer disco en solitario de un beatle, y compuso While my guitar gently weeps, una de las canciones más bellas del álbum conocido como «doble blanco».

Carrera en solitario

Para Abbey Road (1969) aportó dos de sus mejores composiciones: Here comes the sun y Something, el primer single de los Beatles no firmado por Lennon-McCartney, que fue número uno en ventas en Estados Unidos. Poco después de la separación oficial de la banda, publicó el triple All things must pass (1970), con material acumulado durante años. Fue saludado como una obra maestra y contenía el éxito My sweet lord, una oda al Hare Krishna que fue el primer número uno en ventas logrado por un beatle en solitario. Años más tarde, sin embargo, tuvo que pagar una cuantiosa multa por ese tema, acusado de ser un «plagio involuntario» del She’s so fine de The Chiffons.

En 1971 impulsó el Concierto por Bangladesh, junto con Bob Dylan, Eric Clapton y Ringo Starr, entre otros, del cual se hicieron una película y otro triple disco. Sin embargo, el dinero recaudado estuvo retenido casi una década por culpa de las disputas legales acumuladas por los Beatles. A pesar de las tremendas expectativas creadas, el material publicado por Harrison en los años setenta no fue de gran nivel: discos como Living in the material world, publicado en 1973, Dark horse (nombre también de la discográfica que fundó en 1974) o 33 & 1/3 (1976) estaban claramente por debajo de All things must pass.

A mediados de los años setenta se separó de Patti, que lo abandonó por su amigo Eric Clapton (un hecho muy publicitado por la prensa, aunque ambos nunca abandonarían su amistad). Poco después se casó con su segunda y última esposa, Olivia Arias, que le dio su único hijo, Dhani, nacido en 1978. Ese mismo año impulsó la productora cinematográfica Handmade Films, nacida para sacar adelante la película La vida de Brian, de los Monthy Python. La compañía se convirtió en una importante referencia del cine alternativo británico en la década de los ochenta, aunque fracasó en su intento de ampliar mercados con la fallida Shanghai Surprise (1986), con Madonna y Sean Penn, y acabó en venta.



Última grabación con los Beatles

Harrison se alejó de la vida pública tras el asesinato de Lennon en 1980, y publicó la autobiografía I me mine en 1982. Volvió a la actualidad musical con el gozoso Cloud nine (1987), uno de sus mejores discos, que contenía el éxito Got my mind set on you. A continuación se sumó al curioso proyecto The Traveling Wilburys, un supergrupo junto a Bob Dylan, Tom Petty, Jeff Lynne y Roy Orbison. Publicaron dos discos, Volume I (1988) y Volume III (1990, Orbison, fallecido, fue sustituido por Del Shannon), llenos de optimismo y buenas melodías.

En 1992 publicó el directo Live in Japan, que sería su último disco en solitario aparecido en vida. En 1995 se reunió con los otros dos beatles para grabar sus voces encima de dos canciones inéditas de Lennon, Free as a bird y Real love, pero por enésima vez se descartó el regreso de la banda. Ccon su característico sarcasmo, Harrison declaró: «Los Beatles no se reunirán mientras John siga muerto».

En 1999, un desequilibrado irrumpió en su mansión en Oxfordshire, en el sur de Inglaterra, y lo apuñaló en el pecho. Pudo escapar a la muerte gracias a que su mujer redujo al desconocido con una lámpara. En sus últimos días, George no dejó de crear música. Grabó su última canción un mes antes de su muerte, A horse to water, coescrita con su hijo Dhani, y que fue publicada la misma semana en que se despidió del mundo con el mensaje: «Amaos los unos a los otros».

El 29 de noviembre de 2001, George Harrison murió rodeado de su mujer y su hijo en casa de un amigo en Los Ángeles, California. Su lucha contra el cáncer le había llevado a varias intervenciones en clínicas de Suiza y Estados Unidos, desde que se le detectó un tumor en la garganta en 1997. La reina Isabel II, el presidente George W. Bush y los primeros ministros británico y francés, Tony Blair y Lionel Jospin, entre otros, expresaron sus condolencias, y los dos beatles que le han sobrevivido, Paul McCartney y Ringo Starr, lamentaron emocionados la pérdida de su amigo.

Mientras el mundo iniciaba el duelo y miles de aficionados se reunían en lugares emblemáticos de la memoria beatle -los estudios Abbey Road, en Londres, los Strawberry Fields de Nueva York o el local The Cavern, en Liverpool-, los medios de comunicación recordaban la poco reconocida contribución creativa de Harrison, durante mucho tiempo, a la música de los Beatles y su influencia en géneros como la psicodelia. También, su introducción de temas espirituales en el mundo del pop y su devoción por las causas humanitarias, que le llevó a impulsar, en 1971, el Festival por Bangladesh, el primer concierto benéfico de rock.

Su pérdida conmocionó a generaciones enteras en todo el mundo, sólo un año depués de que los Beatles volvieran al número uno de ventas con el recopilatorio Anthology. Su legado en la obra de la banda más famosa del mundo y dentro de la música rock es indiscutible.

El caracter retraído y a veces esquivo de George le valió el apodo de «el beatle silencioso», «serio», o incluso «místico», por su afición a las religiones orientales, en oposición a la exhuberancia y el magnetismo de sus compañeros de banda. Sin embargo, a su muerte, sus amigos recordaron principalmente su humanidad, su cáustico sentido del humor y su capacidad para disfrutar de la vida y de aficiones mundanas como la jardinería y los coches deportivos.

Fuente: http://www.biografiasyvidas.com/

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lunes, febrero 16, 2009

Los 40 años de Abbey Road

Cubamatinal/SDP/ Luego de una especie de suite de rock sinfónico que te dejaba sin aliento, la aguja parecía llegar al último surco del lado B del disco. Pero no. La irrupción de Her Majesty nos sorprendía. Sólo un toque de ligereza luego de la verdad elemental de los versos de The End “Al final, el amor que das es igual al amor que recibes”.



Abbey Road fue un maravilloso modo de terminar. Ojala las rupturas entre amigos siempre tuvieran un final así. Pero, también en eso, los Beatles fueron únicos.

Recuerdo que a inicios de 1970, cuando escuché en Radio Cordón de La Habana la noticia de que los Beatles habían anunciado oficialmente su separación, sentí que se acababa la música. Pasó igual a todos mis amigos. Por suerte, pronto hallamos consuelo en Blood, Sweat and Tears, Chicago, Santana, Led Zeppelin y Credence Clearwater Revival. Escuchábamos a los sucesores de los Beatles, tarde en la noche por Radio Rebelde, en el programa De. Pero nunca fue igual. Desde entonces empezamos a incubar la nostalgia. Sólo que no sospechamos que sería tan larga.

En Cuba, donde hacía sólo un par de años que habían levantado la prohibición sobre la peligrosa música de los Beatles, nunca supimos bien cual disco fue primero, si Abbey Road o Let it be. No sé cuantas veces discutí al respecto con Juanito Beltrán y Carlos Ubieta. Con todos los inconvenientes que ello acarreaba para nuestra corrección ideológica, los tres éramos los mayores fanáticos de los Beatles en Lawton, La Víbora y un poco más allá

El Abbey Road nos llegó sólo unos meses después de salir al mercado británico. No sé cómo nos arreglábamos a veces para que nos prestaran con tanta presteza los discos que introducían en el país algunos de los afortunados que viajaban al exterior. Parece que poníamos mucho interés en el empeño.

Escuché el Abbey Road por primera vez en casa de los hermanos Carlos y Guillermo Ubieta, en la calle Delicias. Lo escuchamos con la misma devoción que antes mostramos con Sgt. Peppers, Magical Mistery Tour y el Álbum Blanco.

Fue el primer disco que grabé, a mediados de los años 70, con un rudimentario plug que inventó Carlos, en la primera grabadora de cassettes que tuve: una Sanyo de teclas que trajo de Damasco el marido de mi hermana. Como oficial de las fuerzas armadas cubanas, fungió como asesor de los tanquistas sirios durante la guerra del Yom Kippur.

Abbey Road, aunque fuera sólo por Because y Something, es mi disco preferido de todos los tiempos. Lo he escuchado en disímiles circunstancias. Me trae recuerdos gratos y tristes. Creo que son más los últimos. A veces también resulta útil saborear la tristeza. Por suerte, el disco contiene una de las canciones más optimistas que haya escuchado jamás: Here comes the sun. La oigo una y otra vez cuando el invierno dura demasiado y parece que el mundo se viene abajo.

Abbey Road cumple 40 años, pero no lo podré celebrar con mis amigos de entonces. Dispersos por Estados Unidos, Polonia, España o México, esperan que cambie la fortuna en su patria.

El año pasado, luego de mucho tiempo sin noticias suyas, recibí por e-mail una foto de Agustín Gordillo, un amigo de Alta Habana que ahora vive en el sur de la Florida. Él y su esposa caminaban en fila sobre la cebra londinense de Abbey Road. Mi amigo, como McCartney en la famosa portada, iba vestido de negro y descalzo. El mensaje sólo contenía tres palabras y dos signos de admiración: ¡Al fin llegamos!

Carlos y yo solíamos tener una broma recurrente con Juan Beltrán. Decíamos que pasados 20 años, Juanito seguiría comiendo mierda con los Beatles. Ha pasado el doble del tiempo y la vida demostró que no fue solo Beltrán el del asunto con los Beatles.

Desde Miami, Carlos Ubieta, mi hermano de tiempos difíciles, me pidió una crónica sobre los 40 años que cumplirá Abbey Road en el 2009. No puedo hacer menos que complacerlo. De veras se merece la primicia.

FUENTE: http://www.cubamatinal.com/

Cuando los cuatro de Liverpool eran los cinco de Hamburgo

- Jan Soldicic recuerda los inicios de The Beatles en la ciudad alemana
- "Les ofrecía un salario de 15 libras a la semana y les daba comida y bebida durante los conciertos", explica la promotora musical





ohn Lennon, Paul McCartney, Pete Best, Stu Sutcliffe y un George Harrison de 17 años llegaron a Hamburgo el verano de 1960. Ya se llamaban The Beatles, pero no llenaban salas de conciertos y llevaban el pelo engominado hacia atrás. Habían llegado contratados por Bruno Koschmeider, un promotor de conciertos del "barrio rojo" de Hamburgo, Saint Pauli, y propietario del "Kaiserkeller", un cochambroso local de la ciudad alemana.

"Les ofrecía un salario de 15 libras a la semana y les daba comida y bebida durante los conciertos", explica Jana Soldicic, que ahora organiza los conciertos en ese mismo local, que se ubica en número 36 de la calle Grosse Freiheit y todavía promociona concursos de jóvenes valores bajo el lema de "Kick it like Beatles".

"Tocaban seis horas al día siete días a la semana. Un día, planearon una estrategia en contra de Koschmeider, que era conocido por ser muy rácano. En un éxtasis musical sobre el escenario, comenzaron a saltar salvajemente sobre las tablas del escenario hasta romperlas para que las cambiara de una vez", narra Soldicic.

El 3 de octubre de 1989, cuando Paul McCartney regresó a Hamburgo para iniciar su gira alemana y volvió al "Kaiserkeller" (http://www.grossefreiheit36.de), ya renovado y con una barra de bar donde se ubicaba antes el escenario, reconoció aquel momento como "el nacimiento del impulso beat".

Primero habían sido contratados para tocar en el "Indra". "Sois muy malos", les dirían. Pero el local cerró y un día se cayó el último grupo de local vecino, el "Kaiserkeller", y Koschmeider completó con ellos un cartel en el que tocaban Rory Storm and the Hurricanes, cuyo batería era una futura estrella llamada Ringo.

"En Hamburgo aprendimos muchas cosas", diría McCartney. "Llegamos siendo unos críos y regresamos siendo unos críos maduros". Se familiarizaron con el escenario, alargaban sus temas hasta los 30 minutos y aprendieron a interactuar con el público.

Comían, bebían y se pelaban ante un público que aumentaba según iba corriendo la voz. Incluso se turnaban para dormir durante el espectáculo.

Se abrieron a un mundo de libertades que pasaron por el sexo, las drogas y el rock and roll. "En Liverpool todas las chicas llevaban faja. Aquí en Hamburgo casi exhibían sus partes íntimas", decía McCartney.

En el "Kaiserkeller" les aseguraban que con las píldoras adelgazantes Preludin se aguantaba mucho mejor la noche. Entre sus ingredientes se encontraba casualmente la anfetamina.

"Ahora aquí todo el mundo dice que vio a los Beatles, pero nadie puede demostrarlo porque pocos sabían en lo que se convertirían. El año pasado -el 11 de septiembre- inauguraron una plaza con su nombre en el barrio", expresa Soldidic.

En ella no son cuatro sino cinco los componentes que luego se escudarían en una manzana verde. Los cinco de Hamburgo.

Hunter Davies explica en la biografía oficial del grupo cómo la ciudad "era más perversa que nunca. Siendo un puerto franco, se había convertido en un centro de tráfico de armas del FLN durante la crisis de Argel. Eso había atraído a mafiosos extranjeros y mucho dinero".

En ese contexto, George Harrison perdió su virginidad. "Mi primer 'polvo' lo eché mientras Paul, John y Stuart miraban. Dormíamos en literas. En realidad, no veían nada porque estaba debajo de las mantas, pero en cuanto acabé, me aplaudieron y me aclamaron", decía.

Entonces ya habían evolucionado desde su llegada, cuando fueron acogidos en un rincón del cine Bambi, al lado del lavabo de señoras. Allí permanecieron hasta su primera vuelta a Liverpool, que no fue precisamente gloriosa: Pete y Paul habían sido deportados por no tener permiso de trabajo y acusados de haber incendiado el Bambi.

George también fue deportado, pero por ser menor de edad, y ante tal panorama, John y Stu también regresaron. Todos sin blanca.

Sin embargo, algo había quedado ya allí y volverían en abril de 1961. Stu, el llamado "quinto Beatle", el más listo y más sensible pero el menos apto musicalmente, se había enamorado, además, de una chica, Astrid Kirchherr, que había fascinado a toda la banda.

Pronto se convirtió en un pilar fundamental del grupo: hizo fotos a la banda y conquistó a Stu, al que convenció de que el flequillo les sentaría mejor peinado hacia delante y no con el tupé típico roquero. Sin darse cuenta, infectó a toda la banda e iluminó la imagen de marca "Beatles".

Stu -que era el blanco de las burlas de John y Paul- decidió dedicarse a las bellas artes y, tras regresar a Liverpool a ver a sus compañeros de grupo, falleció el 10 de abril de 1962 en Hamburgo por una hemorragia cerebral, a los 21 años.


Pete Best, en cambio, fue sustituido por Ringo de una manera poco delicada. Starr era mejor y Paul, John y George lo prefirieron a Pete cuando las cosas se pusieron más serias.

Así, el 5 de octubre de 1962, los Beatles, ya cuatro y en Liverpool, lanzaron su primer sencillo y éxito de ventas: "Love me do".

FUENTE: http://www.diariodenavarra.es/

viernes, febrero 13, 2009

EFEMERIDES DE LOS BEATLES (ACTUACIONES)

14 de Febrero de 1961 Actuación en el Casanova Club, Liverpool.
13 al 15 de Febrero de 1962 Actuación en The Cavern, Liverpool.
13 de Febrero de 1963 Actuación en el salón de baile Majestic, Hull.
14 de Febrero de 1963 Actuación en el salón de baile Locarno, Liverpool.
15 de Febrero de 1963 Actuación en el salón de baile Ritz, Birmingham.
12 de Febrero de 1964 Actuación en Carnegie Hall, New York.

La propuesta de Paris al ex Beatle

La heredera del imperio Hilton quiere grabar un disco junto a Paul McCartney. “Me encantaría hacer un dúo con vos”, le dijo
La empresaria Paris Hilton le realizó una propuesta algo peculiar a Paul McCartney: le pidió grabar un disco con él.



La joven de 28 años le contó su “brillante” idea cuando se encontraron en la fiesta que se llevó a cabo tras la entrega de los premios Grammy.

La rubia le dijo, citada por el diario británico The Sun: “Me encantaría hacer un dúo con vos. Yo también soy cantante y ya saque un disco”. Acto seguido, le piropeó el corte de pelo.

El ex Beatle tuvo soportar la insistencia de Hilton y trató de evitar arreglar una cita argumentando que debía revisar su apretada agenda y consultar el asunto con su manager.

FUENTE: http://www.infobae.com

jueves, febrero 12, 2009

Almería no abandona a John Lennon

Pocas horas después de que la prensa británica informara con indignación de la retirada de la estatua de John Lennon en Almería debido a los continuos actos vandálicos que ha sufrido desde que se erigió en abril de 2007, el Ayuntamiento de la ciudad andaluza recoge el testigo. El monumento al mítico artista no se va a retirar, sino que simplemente se está planteando un cambio de localización.



El diario británico 'The Mirror' informaba ayer del precario estado de la estatua de bronce de John Lennon en la capital almeriense y señalaba con cierta crítica que el Ayuntamiento había decidido retirarla. El Consistorio, preocupado porque la noticia fuera interpretada como que en Almería exista un sentimiento de "venganza de Trafalgar", ha salido al paso de estas informaciones señalando que "ha expresado su malestar en múltiples ocasiones", igual que la asociación 'John Lennon Almería Forever', por los ataques a la escultura.

"Es un tema que nos duele especialmente, porque la estatua se hizo con mucho cariño", indicaron fuentes del Ayuntamiento en declaraciones a Europa Press, en las que recuerdan que en Almería existen muchos fans de los Beatles y del propio John Lennon, hasta tal punto que, la semana pasada, cuando se celebró el 40 aniversario del famoso concierto de los 'Fab Four' en un tejado de XXX, un grupo local emuló a los chicos de Liverpool con un espectáculo similar en la ciudad.

En el Consistorio admiten que la estatua de bronce sufre "continuamente" actos vandálicos "inexplicables" que atribuyen a que la escultura está "muy a pie de calle", pero niegan que sea cuestión de un movimiento antibritánico o anti-Lennon. "Los que rompen la estatua de John Lennon romperían cualquier otra", aseveran, señalando que recientemente una estatua erigida "a la madre" amaneció un día sin cabeza por "la ferocidad" de los "cafres de turno".

En cuanto a su posible retirada, el Ayuntamiento niega la mayor. De hecho, la estatua sigue emplazada en el mismo lugar, en la Rambla Federico García Lorca, aunque se está pensando una nueva ubicación -"aunque no se puede encontrar otro más céntrico", señalan- que la aleje de los actos vandálicos y, aprovechar el traslado para hacerle "un lavado de cara". Este implicaría una limpieza de la pintura que ahora luce la estatua del artista, restituir las gafas y arreglar la guitarra, cuyo mástil, está partido.

"El Ayuntamiento le ha puesto dos veces gafas nuevos, al final estamos por dejarle lentillas, al pobre", señalan con cierta ironía desde el Consistorio, lamentando que cada reparación es "casi tan cara como la estatua original", además del problema añadido de tener que llevarlo a la fundición. "Arreglar el mástil será complejo, casi un problema técnico", añaden, insistiendo en que la cuestión del traslado es algo que está "en fase de estudio".

La estatua se erigió en abril de 2007, para recordar el paso del artista por la provincia en 1966 y la composición de 'Strawberry Fields Forever', que, según los expertos en Lennon, fue compuesta en Almería ese mismo año, como han demostrado cassetes originales recuperados en los que los primeros acordes suenan con una guitarra española, la misma que aparece en las manos de la estatua del músico que no abandonará Almería.

FUENTE: http://ecodiario.eleconomista.es

miércoles, febrero 11, 2009

John Lennon no es bienvenido en Almería

El Ayuntamiento de Almería se ha visto obligado a retirar la estatua del mítico artista John Lennon debido a los incesantes actos vandálicos que sufría la escultura de bronce. El ex componente de los Beatles llevaba inmortalizado en la plaza del Consistorio almeriense desde marzo de 2007, para conmemorar su paso por la ciudad y la composición de uno de sus famosos temas: 'Strawberry Fields Forever'.


La noticia de la retirada de la estatua de John Lennon de la plaza del Ayuntamiento de Almería ha tenido más eco en medios británicos que en los españoles. Así, el diario inglés 'The Mirror', señala que en los últimos tiempos la escultura aparecía con la cara pintada, con sus características gafas redondas arrancadas y el mástil de la guitarra partido.



La estatua de bronce llevaba en la plaza del Ayuntamiento sólo dos años, desde marzo de 2007, cuando el presidente de la asociación 'John Lennon Almería Forever', Adolfo Iglesias, la definió como "más bonita y real que la que se exhibe en A Coruña". La escultura de John Lennon pretendía rememorar el paso del músico por la provincia en 1966 y la composición de su tema 'Strawberry Fields Forever'.

En la escultura, John Lennon aparece sentado con una pierna cruzada sobre la otra y tocando la guitarra, como en las fotografías que se supone que se le tomaron cuando empezó a componer la mencionada canción. En principio, el Ayuntamiento la ha retirado definitivamente, según informan los medios británicos, cansado de tener que limpiarla y repararla continuamente.

lunes, febrero 09, 2009

Los Beatles en el Show de Ed Sullivan, 1964. Historia de una aventura.

El vuelo Panam 101 trazaba su línea imaginaria sobre el Atlántico en la ruta Londres-Nueva York. La nación entera, o al menos la mayoría de adolescentes que la habitaban, se había despertado más pronto de lo usual para estar al tanto de los pormenores de su arribo, por si cualquier cosa. No fuera a ser que el mar envidioso se los tragara.



La estación de radio WMCA lanzó el primer anuncio.

"Son las 6.30 de la mañana, hora Beatle. Hace 30 minutos que salieron de Londres. Ahora vienen por el Atlántico en dirección hacia Nueva York. La temperatura es de 32 grados Beatles". El piloto, a quien en suerte le correspondió llevar entre los pasajeros de primera clase que conformaban su tripulación a los cuatro músicos más famosos del momento, se comunicaba vía radioteléfono con la gente en la torre de control. Éstos a su vez enviaban los reportes del caso al planeta entero. No había más de qué hablar en el país.

Ninguno de los cuatro estaba del todo tranquilo. Poco sabían estos jóvenes ingleses inseguros, aún deslumbrados por su propio y reciente éxito, acerca de los alcances del fenómeno que en su ausencia se había iniciado. Más aún, les habían llegado rumores de que la prensa los había calificado de feos y de poco talentosos. Ser poco talentoso en el mundo del espectáculo de entonces tenía perdón... ¿Pero feo además?

Las posibilidades de fracasar no eran pocas, y por ello algo de temor racional no venía tan mal. En París la acogida había sida discreta. George no se sentía bien y había tenido que ceder a la costumbre francesa de entonces, de administrase los medicamentos en forma de supositorio. A juzgar por el pasado reciente el futuro inmediato no prometía ser mejor.

Con ellos como parte del séquito y del contingente invasor venían los onmipresentes Neil y Mal (quienes anduvieron apresurados durante todo el vuelo falsificando autógrafos para abastecer a las manadas de fanáticos que de seguro habría de estar esperando por su llegada en la terminal aérea) y Brian y Dezo, y Phil Spector y Maureen Cleave (la periodista).

Y George, por supuesto George, quien además de estar incómodo porque su peinado no lucía tan perfecto como debiera, comenzaba a soportar los síntomas de un preocupante y severo cuadro gripal. Rezagada en alguna silla, Cynthia maquinaba la forma de esconderse del mundo, para que nadie supiera que John Lennon estaba casado, y aún más grave, que ella era su esposa.

Había otro George Harrison, un periodista cuyo nombre era igual al del famoso, a quien su homónimo le preguntó qué podían ellos tener de especial como para que un país como Estados Unidos, que lo tenía todo, se fijara en los Beatles. Para comprobarlo, le hizo un recuento extenso de los muchos artistas norteamericanos a los que desde su adolescencia admiraba y de la mala fortuna con la que habían corrido los ingleses en América.

Al acecho, dentro del avión venía un grupo de empresarios esperando a interceptar a Brian en uno de sus trayectos hacia el baño, para convencerlo de emprender algún negocio en sociedad. Otros le enviaron notas a su silla de primera clase invitándolo a sentarse con ellos. Pero ninguno consiguió ser atendido.

Cualquiera que hubiera augurado semejante clima de ansiedad para ver a los Beatles hace algunos meses habría sido tildado de demente. Poco tiempo atrás Capitol, filial norteamericana de la EMI, su disquera en el Reino Unido, había prestado poca atención a 'Please, please, me", "From me to you" y "She' loves you", sus primeros sencillos, que al final y por descarte fueron vendidos a otros sellos insignificantes.

Por casualidad un DJ de Washington comenzó a tocar copias importadas de 'I want to hold your hand' a través de la WWDC, emisora a su cargo. Contrario a los pronósticos aquella tonada en la que nadie se había fijado antes se convirtió en un impacto sin atenuantes, y ya para febrero de 1964 las ventas de lo que había comenzado como una rareza alcanzaban el millón y medio de unidades.

Estados Unidos llevaba seis meses llorando y estaba buscando excusas para reírse. En los recuerdos aún frescos de aquella nación entristecida y aporreada se repetían las imágenes de un Presidente joven cayendo muerto en brazos de su esposa por manos desconocidas. Al aeropuerto de Nueva York acababan de bautizarlo Kennedy, en su nombre. Lo mismo habían hecho en Bogotá con lo que antes iba a llamarse Ciudad Techo, y en tal vez otra decena de sitios y monumentos que a su memoria deben haber sido erigidos. Incluso en El Tiempo y El Espectador hubo algunos pequeños espacios para contar a Colombia lo que estaba ocurriendo en la capital del mundo.

Elvis ya no era el mismo. Las incursiones en suelo británico de músicos estadounidenses como Jerry Lee Lewis habían terminado mal, con el talentoso pianista acusado de incestuoso y pederasta, y con él y todo su equipo tratando de huir de ese pueblo hostil. Chuck Berry estuvo preso. Unos cuatro años atrás, y por esas mismas fechas, la música había muerto, cuando Ritchie Valens, The Big Bopper y quien tal vez habría podido destronar a Elvis de su solio, el incomparable Buddy Holly, fallecieron en un accidente aéreo por el que aún algunos lloran. Era preciso, entonces, responder al llamado de la historia y convertirse en leyendas.

Con ese propósito los Beatles descendieron nerviosos del la aeronave a hacer historia. El frenetismo venía desde todas las direcciones. Costaba creer que la única razón para semejante escándalo, para semejantes lágrimas, para semejantes aullidos y para semejante hacinamiento, fueran ellos. Se hizo necesario instaurar operativos de seguridad hasta entonces inusuales. Habían regalado una camiseta a cada uno de los que voluntariamente estuviera dispuesto a ir a recibir a sus ídolos. Fueron escenas que en adelante habrían de ver con demasiada frecuencia.


Una jauría de reporteros, no muy conformes con este advenimiento sospechoso, se apostó frente a ellos durante la rueda de prensa con el objeto de. Les lanzaron preguntas incómodas, como era su obligación.

-¿Qué piensan de los comentarios acerca de que no son más que una pandilla de Elvis Presleys británicos?
-No es cierto, no es cierto- respondió Ringo mientras imitaba las contorsiones del rey del rock and roll.

-¿Se van a hacer un corte de pelo?
-Yo me hice uno ayer, -contestó George.

-Háblanos sobre sus cortes de pelo.
-Estábamos saliendo de una piscina en Liverpool y nos gustó cómo se veían, -dijo George una vez más.

-¿Por qué su música gusta tanto?
-No lo sabemos. De ser así formaríamos otros grupos y seríamos managers, espetó John.

-¿Qué opinan de la campaña adelantada en Detroit para acabar con ustedes?
-Nosotros tenemos nuestra propia campaña para acabar con Detroit, sentenció Paul.

Los Beatles dieron respuesta a cada interrogante, uno a uno, parapetados en el infalible recurso de mofarse de sí mismos y de no tomarse su propia imagen demasiado en serio.

Con ello las cuentas quedaron saldadas y las dudas disipadas. Los cuatro Beatles, de la mano de Brian Epstein, penetraron sin problemas en el corazón de media Norteamérica, y el camino quedó abierto para dar un viraje definitivo a la historia.

Como no era prudente ni necesario decir nada más, la caravana partió hacia el Hotel Plaza, en donde George sucumbió a la gripa. Se fue a su habitación y empezó su convalecencia acelerada, al cuidado de su hermana Louise, con las plegarias de toda Norteamérica a su favor, quien seguía los cambios en su estado de salud a través de las transmisiones en directo a cargo de Murray The K, hábil locutor neoyorquino y envidia de muchas adolescentes, cuando aprovechando el antiguo amorío de George con una integrante de las Ronettes se coló en su habitación. Muy a pesar de Brian y de Billy Preston, se autodeclaró el quinto Beatle. Y algunos todavía lo creen.

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El día del ensayo previo Neil Aspinall reemplazó a George, por cuya recuperación estaba rogando todo el país. Ed Sullivan había dicho que de seguir enfermo, él mismo se encargaría de tomar su guitarra y de ponerse una peluca Beatle para que todo siguiera su marcha.

La sobredosis de medicamentos, la ingesta de anfetaminas, y las muchas inyecciones administradas en el juvenil cuerpo de Harrison surtieron su efecto enmascarador y fue así como aún enfermo consiguió llegar hasta el teatro.

El escenario había sido decorado con flechas gigantes apuntando hacia el cuarteto, justo en el centro, tal vez en una alegoría que indicaba que los Beatles estaban en realidad estaban ahí... por fin, en ese lugar; a la vista y al alcance televisivo de todos. Un centenar de jóvenes escandalizados gritaba sin consuelo ante la presencia de estos cuatro liverpoolianos, elevados por su magia, suerte y talento a la categoría de semidioses.

Fue suficiente con que el señor Sullivan anunciara las tres primeras sílabas que componían el nombre de la banda más grande de siempre para acallar las voces escépticas. 73 millones de televidentes se quedaron quietos por unos minutos. El reloj quiso quedarse quieto.

Una vez más todo comenzó. Ese acontecimiento, que en dicho instante les pareció la culminación de todo cuanto soñaran no era más que el prólogo a una vida aún más esplendorosa. Sin embargo, ingenuos, los cuatro supusieron que lo mejor había venido ya cuando recibieron un telegrama hipócrita de Elvis y el Coronel Tom Parker diciéndoles: "Felicitaciones por su aparición en el Show de Ed Sullivan. Esperamos que su actuación sea exitosa y su visita agradable".

El acto comenzó con 'All my loving' y siguió hasta el final, tan solo interrumpido por algún aviso de tabletas Anacin para el dolor de cabeza y por las presentaciones otros invitados, de los que nadie del común se acuerda. Fue la primera vez en que algunos obsesos, como yo, comenzaron a calcular su biorritmo a partir de los movimientos de los de los cuatro de Liverpool. Fue la primera vez que cuatro rockeros hicieron silenciar la tierra. Fue la primera de muchas otras veces en que los Beatles gobernaron por sobre todo el universo. Y fue hace 44 años.

Desde entonces el mundo no ha dejado de aplaudir

FUENTES:
Andrés Ospina

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